¿Qué es la Oblación? ¿Y quién es un Oblato Benedictino? Lo ha explicado en manera clara el Abad Gabriel M. Brasó: “el Oblato es un cristiano deseoso de vivir con convicción y profundidad el Evangelio y que ha descubierto en la Regla de San Benito un camino de luz, que le facilita la secuela de Cristo y lo estimula a servir a Dios y a los hermanos con un amor más puro y generoso en el propio estado de vida…”.
Esto significa que el Oblato puede ser, hombre o mujer, laico o sacerdote, puede ser casado o no.
La oblación benedictina es un camino que soporta, que ayuda a vivir la propia vocación particular.
Los oblatos benedictinos no son una confraternidad, un tercer orden, un movimiento, sino solo y únicamente laicos siempre mas consientes de su consagración bautismal que desean compartir la espiritualidad de la Regla Benedictina agregándose a un determinado monasterio.
Es el bautismo, de hecho, la autentica oblación cristiana, en la cual el hombre viene recreado en Cristo, modelo y medida de cada oblación, es decir de cada vida “ofrecida” a Dios y a los hermanos.
El oblato benedictino está llamado a llevar en la Iglesia y en la realidad en la cual vive y obra y la aportación del carisma benedictino: centralidad de Cristo, escucha de la Palabra de Dios meditada y vivida, participación intensa a la liturgia, profunda vida espiritual, caridad operativa.
“la oblación – recitando los Estatutos - es el acto litúrgico- espiritual reconocido por la Iglesia, con el cual el aspirante oblato, después de un congruente periodo de formación, hace la oferta de sí mismo a Dios vinculándose a una comunidad benedictina determinada”.
Que es lo que se requiere
Son tres las disposiciones requeridas para convertirse en Oblato:
- El deseo sincero de crecer en la vida espiritual, tender progresivamente a la conformación con Cristo, de regresar a Dios, de buscar verdaderamente a Dios, como lo afirma San Benito: “Escucha Hijo, los enseñamientos del Maestro, abre dócilmente tu corazón, acoge voluntariamente los consejos de tu padre bueno y comprométete con vigor a meterlos en práctica. A través de la fatiga de la obediencia, pudiendo así regresar a Aquel del cual te habías alejado por la pereza de la desobediencia (Regla Benedictina Prologo).
- Amor por San Benito y conocimiento de su Regla. porque sus tratados esenciales deben orientar el camino espiritual del oblato. Por esto, la oblación benedictina no es compatible con la pertenencia a movimientos o a Terciarios de las demás Órdenes, que siguen otras tradiciones espirituales.
- Pertenencia a una determinada Abasia o Monasterio. Característica de la vida benedictina es la estabilidad, por la cual los monjes prometen vivir hasta el final de sus vidas en el mismo monasterio en el cual han emitido su profesión. Así los Oblatos se ofrecen a Dios en un determinado monasterio, que consideran como una segunda familia, en modo de sentir la influencia vital, participando en la oración, a las iniciativas y, según sus posibilidades, metiendo a disposición las propias competencias y el propio tiempo.
Para el oblato de un monasterio de Benedictinas de la Adoración perpetua del Santísimo Sacramento, es evidente que debe ser compartido y testimoniado un especial amor por la Eucaristía, a través de la participación siempre más frecuente y consciente a la celebración eucarística y trascurriendo, según las propias posibilidades, tiempos de adoración eucarística.
A través de la Oblación el oblato se introduce en la familia monástica con vínculos de intima fraternidad y de reciproca colaboración.
Así recitan los Estatutos N- 7
“los Oblatos reconocen en la comunidad monástica un punto de referencia del propio camino espiritual, y la comunidad reconoce en los oblatos una expansión articulada del propio carisma, en un clima de reciprocidad y de complementariedad”.
Los encuentros
Para reavivar en los Oblatos el espíritu benedictino y para favorecer y alimentar el conocimiento y la caridad fraterna, vienen programados 7-8 encuentros al año en el monasterio, con momentos de formación espiritual y de oración.
Pueden además de esto organizar encuentros con oblatos de otros monasterios, encontrándose en convenios a nivel nacional o internacional. En virtud de la unión particular oblato-monasterio, el oblato sabe que el monasterio es casi como su “segunda casa”, donde puede detenerse para reforzar el espíritu.
La oblación tiene también una componente comunitaria que no debe ser olvidada: “los oblatos del mismo monasterio establecen entre ellos lazos de amistad fraterna, expresión del espíritu de caridad que, en cuanto los une a la comunidad monástica, los une también entre ellos” (Estatutos N.9)
La admisión a la Oblación
La admisión al camino en preparación a la oblación es hecha por la Madre Priora.. tal camino tiene una duración variable, en general jamás inferior a un año. Durante este tiempo el aspirante oblato tiene la posibilidad de profundizar y tratar específicamente la espiritualidad Benedictina. Por parte suya la Comunidad, a través de la Madre Priora verifica si el aspirante oblato posee o ha madurado las características que lo convierten idóneo a ser oblato del monasterio.
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